Hoy me limité a escribir frases sueltas, poemas vomitados, espontáneos; todos desechados. Escribir mierda me hace sentir mejor persona. En cambio cuando escribo grandes párrafos me vuelvo todo un tipo, me siento poderoso. Entro en un estado de exaltación en el que todo el mundo me parece gentuza despreciable, y sólo yo entiendo los secretos del universo. En esos momentos estoy a otro nivel, me siento excepcional, único; aunque incluso estando en la catarsis veo la caca caer de mi culo. Toda esa gente es egoísta y miserable, pero no más que yo. Estoy entonces entre la multitud y eso me asquea, por eso crear bazofia de vez en cuando me sirve para sentirme más vulgar.
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Salí de noche a dar una vuelta, el oporto se había terminado. Tres semanas desde la última compra, todas borracho. Jenis me dijo una vez: "cuando te mueras, nadie llorará una lágrima por ti". Puta borracha, como si alguien fuera a echarla de menos. No vi otra cosa que hacer que volver al bar de Melvin; él era de esos que, al menos, me aceptaban entre su clientela: casi tan borracho y solo como yo. No es que fuéramos grandes amigos.
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- Melvin, tú eres más viejo que yo ¿No?
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-No lo sé, amigo, no sé bien qué edad tengo. Debo estar sobre los cincuenta.
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- Eres de mi quinta, Melvin.
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- La vida es una mierda, Maik.
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- Sí, ponme otro bourbon.
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Hay motivos mucho más profundos para darse a la bebida: la pérdida de un ser querido, el fin de un gran amor o el fracaso de toda una vida. Yo bebía por vicio. Al final el alcohol era el único compañero. Sí, la soledad podría ser un buen motivo para mí, pero no soy partidario de la autocompasión. Me siento más a gusto en la ira.
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Hacía un frío de cojones cuando salí del bar. Allí, con los huevos helados, creí que me moría. La pensión quedaba a más de una hora andando; no podría llegar vivo con la borrachera y la hipotermia a rastras. Anduve buscando el portal más cercano, pero la ciudad se encarga de que los que deben morir, mueran, así que me dispuse a ello. Soy un tipo abnegado y pensé que mi muerte, tan cercana, debía ser recordada. Llegué al parque "Noutland" y busqué un palo para escribir mi epitafio sobre la nieve. Lo del palo era una buena idea, salvo por el palo. No había nada parecido a mi alrededor, así que tuve que andar rondando la zona una eternidad hasta encontrar algo decente con lo que escribir. Cuando lo encontré, apunté al blanco-oscuro del suelo -era casi hielo-, y me quedé plantado en la placeta central pensando en cómo ser recordado.
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- Joder, hoy no es el mejor día para crear una frase transcendente -tanta basura escrita no me había dejado buen poso-
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Estuve pensando en mi muerte allí, en el parque, un buen rato, mientras no paraba de buscar y coger palitos. Decidí que era más seguro formar letras juntándolos que intentar escribir nada con ellos. Al final la nieve se derretiría y no tendría eco mi muerte -chico listo-. Se me ocurrieron, mientras la búsqueda, varias frases, todas graves, pero nada indeleble en la memoria de los hombres: "A los que me admiréis, sabed: lo que veis ahora es lo peor de mí" o también: "No enterréis este cuerpo de hombre sin echar a volar mi alma de niño", todas con cosas que siempre quise decir, pero no iba a convertir el epitafio en un relato corto. Al final me quedé con un simple "No tengáis compasión del más grande". Pretencioso y confuso, justo a mi modo de verlo; no ponía el por qué de mi grandeza, lo que daba credibilidad a la frase. Podría ser el más grande borracho, o el más grande follador de culos, pero seguro que habría quien lo apreciase de verdad.
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Llevaba mucho tiempo danzando por el parque y la paliza de andar y coger palitos me estaba sirviendo para entrar en calor. Justo cuando tenía claro cómo y dónde morir, iba a torcerse la idea. No quería morirme de otra forma, quería poder elegir. Quería morirme como me diese la gana, ya que hay que pasar a la otra existencia, tan llena de huesos y madera podrida. Y Melvin tampoco pareció dispuesto a darme la extrema unción con el mejor destilado, cuando me vio allí boca arriba en la nieve.
-Eh! Maik, qué coño haces, ¡te vas a helar! -puto borracho, como si no lo supiera-.
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- Ah, eh...sí, Melvin, me he quedado dormido tío -la cuestión era demasiado íntima como para compartirla-.
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- Bueno, venga hombre, te llevo a casa, que ahí te vas a morir de frío -claro, Melvin, claro-.
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- Eh...bueno, sí, venga, aprovecho que sales. -¡bah! Soy un tipo fácil de convencer. Aún quedaba mucho invierno, la pensión estaba a media ciudad, y así podría darle vueltas a lo del epitafio. Además, joder, hacía un frío de muerte-.
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- Pues vamos, que ya clarea.
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- Sí, vamos, mejor.
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- Melvin, tú eres más viejo que yo ¿No?
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-No lo sé, amigo, no sé bien qué edad tengo. Debo estar sobre los cincuenta.
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- Eres de mi quinta, Melvin.
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- La vida es una mierda, Maik.
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- Sí, ponme otro bourbon.
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Hay motivos mucho más profundos para darse a la bebida: la pérdida de un ser querido, el fin de un gran amor o el fracaso de toda una vida. Yo bebía por vicio. Al final el alcohol era el único compañero. Sí, la soledad podría ser un buen motivo para mí, pero no soy partidario de la autocompasión. Me siento más a gusto en la ira.
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Hacía un frío de cojones cuando salí del bar. Allí, con los huevos helados, creí que me moría. La pensión quedaba a más de una hora andando; no podría llegar vivo con la borrachera y la hipotermia a rastras. Anduve buscando el portal más cercano, pero la ciudad se encarga de que los que deben morir, mueran, así que me dispuse a ello. Soy un tipo abnegado y pensé que mi muerte, tan cercana, debía ser recordada. Llegué al parque "Noutland" y busqué un palo para escribir mi epitafio sobre la nieve. Lo del palo era una buena idea, salvo por el palo. No había nada parecido a mi alrededor, así que tuve que andar rondando la zona una eternidad hasta encontrar algo decente con lo que escribir. Cuando lo encontré, apunté al blanco-oscuro del suelo -era casi hielo-, y me quedé plantado en la placeta central pensando en cómo ser recordado.
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- Joder, hoy no es el mejor día para crear una frase transcendente -tanta basura escrita no me había dejado buen poso-
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Estuve pensando en mi muerte allí, en el parque, un buen rato, mientras no paraba de buscar y coger palitos. Decidí que era más seguro formar letras juntándolos que intentar escribir nada con ellos. Al final la nieve se derretiría y no tendría eco mi muerte -chico listo-. Se me ocurrieron, mientras la búsqueda, varias frases, todas graves, pero nada indeleble en la memoria de los hombres: "A los que me admiréis, sabed: lo que veis ahora es lo peor de mí" o también: "No enterréis este cuerpo de hombre sin echar a volar mi alma de niño", todas con cosas que siempre quise decir, pero no iba a convertir el epitafio en un relato corto. Al final me quedé con un simple "No tengáis compasión del más grande". Pretencioso y confuso, justo a mi modo de verlo; no ponía el por qué de mi grandeza, lo que daba credibilidad a la frase. Podría ser el más grande borracho, o el más grande follador de culos, pero seguro que habría quien lo apreciase de verdad.
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Llevaba mucho tiempo danzando por el parque y la paliza de andar y coger palitos me estaba sirviendo para entrar en calor. Justo cuando tenía claro cómo y dónde morir, iba a torcerse la idea. No quería morirme de otra forma, quería poder elegir. Quería morirme como me diese la gana, ya que hay que pasar a la otra existencia, tan llena de huesos y madera podrida. Y Melvin tampoco pareció dispuesto a darme la extrema unción con el mejor destilado, cuando me vio allí boca arriba en la nieve.
-Eh! Maik, qué coño haces, ¡te vas a helar! -puto borracho, como si no lo supiera-.
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- Ah, eh...sí, Melvin, me he quedado dormido tío -la cuestión era demasiado íntima como para compartirla-.
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- Bueno, venga hombre, te llevo a casa, que ahí te vas a morir de frío -claro, Melvin, claro-.
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- Eh...bueno, sí, venga, aprovecho que sales. -¡bah! Soy un tipo fácil de convencer. Aún quedaba mucho invierno, la pensión estaba a media ciudad, y así podría darle vueltas a lo del epitafio. Además, joder, hacía un frío de muerte-.
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- Pues vamos, que ya clarea.
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- Sí, vamos, mejor.
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PD: para Charles, y las botellas de oporto barato.


9 comentarios:
Ese es el tipo de escrito que te revuelve las entrañas, te patea el trasero y te deposita en la realidad. Me agrada esa forma narrativa sin anestesia, que te corroe los huesos...
El epitafio es genial, podría hurtarlo para mi propio beneficio, con eso reemplazaría aquel otro de C. Bukoswky que había robado "Aquí yace Carlos, podrido en vida y en muerte también"
Lástima que la distancia nos impida beber un buen vodka y recorrer la nieve podrida de la ciudad inventando epitafios, pero en fin me alegra saberte resistiendo.
Un saludo amigo
por dios, suerte que reapareció Melvin...
por eso hay que beber siempre en compañia...
me ha gustado mucho.. un beso
Maik...vengo a saludarte, hace mucho tiempo que no sé de ti. Cómo estás?. Recibe mi cariño.
Besos.
Ya ves que hasta en la hora de la muerte uno encuentra excusas para atrasarla un poco más. ¡Maldito romanticismo de los borrachos! Besos, querido amigo, muchos para entrar en calor.
un extraño relato, trepidante manera de burlarse de la muerte ¿o dejar que la muerte se burle de uno?
Cuando te pase la cruda vente a mi rincón a tomarte un cafe con piquete
Bueno tío, te extraño y no te vayas a morir sin antes visitarme, ¿sale?
Nati
johnymepeino said: Alguien deberá tratarme psiquiátricamente algún día por esa envidia que siento al leerte en textos como este. El irrefrenable deseo de haber estado allí. El vouyerismo mitad literario mitad nihilista que empuja en vano a encontrar amigos así.
Es peor haberlo vivido y después perdido que no haberlo conocido. Entre una vida jodida y esta jodida vida, me quedo con la primera.
Salud
Me gustas más cuando escribes de otro color, pero sigo visitándote.
Besitos
Me haces acordar a algunos poetas malditos, que exorcisan con sus letras.
No me importa el color que vistas, siempre estas en mi, como algo bello, tu alma siempre lo es.
Pd. como puedo decir asi con esta distancia, que distorsiona todo, estare ebria de lunas. :)
"No tengáis compasión del más grande"
Me quito el sombrero, y hasta el cuero cabelludo, si hiciera falta. Por cierto, creo que me estoy volviendo un alcohólico, y tus relatos no me ayudan nada, nada, nada... ¡hics!
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