13 de mayo de 2008

Paupérrimo Papi

No quiero decir que el dinero no me sirva. No es cierto. Me sirve para comer -no físicamente, entiéndase; que aunque bien podrían alimentarme los millones de organismos vivos que pueblan el papel moneda, un servidor no tiene TANTA hambre-. Y es que a ver sin dinero quien es el guapo que, como alternativa, tiene un terreno virgen y libre de propiedad alguna, como nuestros ancestros, para plantar patatas, zanahorías y alcachofas. También me es útil don dinero para conseguir vestimenta: sin dinero no alcanzo a poder renovar mi vestuario: estoy escaso de tiempo y no sé dónde conseguir materiales con que hacerme camisas...¡¡y menos zapatos!!...y me sirve de igual forma para satisfacer mis necesidades menos básicas (que la sociedad de consumo me ha transmitido y que sí son prescindibles). Y digo todo ésto porque el dinero es insignificante como valor en lo que quiero expresar.
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Mi padre no me dejó nada material. Se fue sin ninguna propiedad, con los bolsillos vacíos y apenas preparado para abandonar esta vida, porque con 46 años y cuando un infarto te estropea el invento de vivir, uno no puede estar listo para entregar la cuchara, si es que se precisa de algún entrenamiento previo para dejar de levantarte por la mañana, afeitarte e irte a trabajar, que a todo se acostumbra uno. Menos mal que la vida es, la mayoría de las veces, más que eso. No me dejó una casa, no me dejó un coche, unos terrenos, una cuenta bancaria repleta -ni vacía-...nada tangible. Ni siquiera pude recuperar algunos de sus objetos personales que quería tener a mí lado. Nada.
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Mi padre no me dejó nada, pero no hay día en que no me acuerde de él, lo eche de menos, necesite abrazarlo y contarle cómo me va todo esto de despertarme acada día, y piense en que bien se podían haber muerto medio millón de personas antes, con nombres y apellidos, que él. Lo amaba profundamente.
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Y ésto él, además de un millón de cosas más, con su última enseñanza, se encargo de hacerme aprender: nada podré sacar de bueno si antes de pensar en ti, pienso en lo me queda en el bolsillo, así que de ti quiero sólo lo que me pueda dar tu corazón.
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PD: Os dejo con un amiguete mío que sabe entenderme cuando pienso en lo breve y maravillosa que es la vida:
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6 dejan huella:

LUIS AMÉZAGA dijo...

Sus muertos han hecho revivivir a los míos. Un abrazo.

Firenze dijo...

Un beso Maik. Ya nunca vienes a verme.

Isabel Romana dijo...

Bueno, maik, creo que tu padre te dejó algo muchísimo más importante que el dinero o cualquier otro bien material. Para empezar, te dejó a tí, y luego te dejó un modo de encarar la vida con honestidad. No creo que pueda pedirse mucho más... Besos, querido amigo.

Yeli dijo...

Fui huerfana de padre desde los 13años y hubiera dado la mitad de mis años para que mi padre me acompañara por mas tiempo. Mas allá de lo material nos dejó mucho de su esencia y de su honestidad en su corta ruta por esta vida que todavía transita por la mía.
Un abrazo
Yeli

iralow dijo...

Suscribo a D. Luis, y créeme si te digo, que en realidad era millonario, y estoy segura que te dejó todo lo que tuvo...los que se van y solo dejan dinero, esos son los pobres de este mundo...

Un abrazo derrochador

PIMIENTA Y CANELA dijo...

Tu padre debe estar muy orgulloso de ti allá donde esté.
Eres afectuoso, frágil y transmites tanta sensibilidad que, estoy segura de que eres capaz de hacer feliz a cualquier persona que tenga la suerte de estar junto a tí... ¡Un besote!