6 de agosto de 2009

Me olvidé del amor

Suena el despertador treinta veces, mil. Hoy me cuesta levantar el cuerpo de la cama y llevarlo de los hombros al trabajo. Hoy no cuento conmigo para grandes cosas. Acaso, hacerme la comida, pero algo fácil, de dos minutos de microondas. Hoy todo me resulta cuesta arriba, y le he dado la espalda a los sentimientos desde que, ayer, me di cuenta que me olvidé del amor. En algún lado debí perderlo...intento saber dónde, en que momento se cayó por la escalera, se quedó rezagado del grupo, se sentó en la barandilla a ver el tiempo pasar, o vete tú a saber qué, y me dejó marchar sin decírmelo. Si localizara ése momento o ese lugar iría a buscarlo, pero no sé siquiera si seguirá allí donde se supone sigue. De hecho no sé el aspecto que tiene; ni reconocería su voz, ni sus manos, ni su rostro. Además, apenas lo miré a los ojos cuando lo tuve fente a mí, o al menos ése recuerdo guardo. Se me ha perdido el amor, entonces. En algún recoveco estará (esto me lo digo con las cejas levantadas y resignado). Lejísimos y pegado a la vez a mis propias manos. Lo olvidé en algún sitio, o se cayó, o se paro a coger aire. Por que no quiero hacerle caso al pensamiento que ultimamente me ronda: no me olvidé del amor, me olvidé de amar.
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PD: escuchad buena música.

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4 dejan huella:

Isabel Romana dijo...

Por lo menos no te has olvidado de los amigos... Me alegro de tu regreso, que veo se remonta a hace unos días. Espero contar con la presencia de tu lanza cuando regrese de vacaciones. Entre tanto, un abrazo muy fuerte y bienvenido de nuevo.

RUFUS dijo...

según una psicóloga de la televisión todos tenemos el amor dentro, latente, a la espera de aflorar según el perfume de las flores del jardín.

no sé, demasiada lírica para una científica

Patricia 333 dijo...

Lo olvidé en algún sitio, o se cayó, o se paro a coger aire.


Tal vez solo se paro a coger aire


Un beso

BELMAR dijo...





«Cada rincón de un minúsculo florecer se hace cotidiano tras la palabra hasta habitar lo des-habitado como infante frente a la hoja en blanco.»

BELMAR