26 de octubre de 2009

Levantar la cabeza, o no

Y bueno...no todos los días me paro a observar cómo me iluminan el alma el canto de los pájaros, o la leve caricia de la brisa pasea por mi rostro acompañando cada paso. Sigue ocurriendo a pesar de mí, pero hay días en que no lo noto. ¡Alguien que lleve esta carga! ¡Que alguien se apiade de mí! ¡Que me quiten esta soledad de encima!...esta soledad que no se despega y que no se va...pero el caso es que no se va ni contigo, ni sin ti, ¿Te das cuenta? Quizá por que no te he encontrado....o quizá, y esto es lo más consecuente, por que no me he encontrado aún. Esto es. A medida que me encuentro dejo de estar solo. A medida que descubro quien soy, y qué quiero; qué no. Claro que después llegan días en que por mucho que brille el Sol sólo acierto a ver nubes. Días en que me digo: la teoría está muy bien, tienes los huevos del caballo de espartero, pero...no me apetece estar solo hoy. Lógico. ¿Quién no necesita cariño? Un abrazo sin tiempo, un remanso, algo de hogar. Y no es incompatible con ser independiente, autosuficiente, y todo aquello terminado en -ente. No lo es. El corazón me pide cariño, cercanía, tibieza...mejor calor.
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Estos días ya no son días de búsqueda, no lo son. Son días de soledad consecuente. De "conócete, acéptate, supérate" que decía San Agustín (gran filósofo). No espero nada de nadie. No debo poner expectativas. Y trato escrupulosamente de no hacerlo. Mejor descubrir, claro que para eso hay que asumir que se puede descubrir ahora, después, o quizá nunca. Duro el tema si uno no se aguanta demasiado a sí mismo. En ese ejercicio continuo de aplicar lo que pienso a lo que digo y soy, intento doctorarme. Mi capacidad de sorpresa está intacta, y me reconforta descubrirlo. La ingenuidad se ha ido para no volver. Bien está así. Y el amor...bueno, hoy por hoy no se le espera. Y también creo que es mejor así. Aunque dejé la llave debajo del felpudo, por si no abro a la primera.
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Me siento mejor ahora que he escrito esta pequeña reflexión, aunque hoy no me acaricie la cara la brisa, ni acierte a escuchar el trino del ruiseñor, ni me caliente el sol al andar por el parque de Floridablanca camino de casa.

10 dejan huella:

el cocinero dijo...

No me lo explico. ¿Cómo coño sabes tanto de mí? Una vez que lo escribes, parece fácil (¿que lo es? ¡qué envidia!); ahí está, no había más que decirlo como tú lo has hecho. Ni más, ni menos.

Vuelves, otra vez, a clavar el dardo en la diana.

Un abrazo.

Isabel Romana dijo...

Es muy honda la melancolía que emana de este texto, el cansancio. Y, sin embargo, el amor recogerá la llave de debajo del felpudo y entrará en tu casa cuando menos lo esperes. La clave, entonces, será cómo conseguir que no vuelva a marcharse...
Algunas de tus reflexiones en este texto podrían haber sido hechas por la mismísima reina Dido, quien también sufrió pena de amores. Una mujer admirable. Y creo que, si fueras con ella, te sentirías bastante acompañado.
Un abrazo muy fuerte, maik, mi primipilum favorito.

Laura Hammer dijo...

De cierta forma logra ser reconfortante por decirlo de alguna forma hallar escrito por un hombre lo que yo pienso como mujer. Tal vez lo que todos llevamos escrito en la frente sin sacarlo labios para afuera.

No sé si sea melancolía, supongo que es parte de la edad y de aceptarse como una persona que vive periodos de soledad autoimpuesta con los que quisiera terminar,aunque estoicamente aprenda a soportarlos.

Que agradable sería una mano que nos saque del refugio en donde ocultamos nuestras ideas, de detrás de la barricada que nos protege del mundo. Que agradable sería salir a arriesgarse un poco, aunque duela...porque duele siempre, pero que agradable sería caminar por el parque sin sentirse solo.

Un bheso.

Maik Pimienta dijo...

Qué placer encontrar vuestros comentarios, sentidos, que me llegan directos.

Señor Cocinero...es que nuestro patrón está cortado...de forma similar. Y los iguales se reconocen. Y escribirlo es fácil. Lo difícil es decirte a ti mismo la verdad, porque yo escribiendo soy más consciente de todo, me autoconfieso. Pero qué te voy a contar que no sepas.

Cuba, y su revolución, o no. Añado.

Isabel, no ahora, siempre, me siento un privilegiado por tu paciencia conmigo, y tu cariño desinteresado. Sabes perfectamente que la desidia me puede a la hora de escribir, a veces porque no apetece ver sobre el "papel" la verdad, pero es un ejercicio de exorcismo hacerlo, y otras porque tu primipilum preferido (gracias) prefiere, a su vez, estar con la España que mira como el otro hace. Procuraré ser más constante. Me quiero ir con Dido, sí. Un fuerte abrazo amiga. Y de nuevo enhorabuena, te lo mereces sobremanera.

Yes, mi ojos no dan crédito a tu comentario. No por lo cercano, que eso siempre, sino por ti, en sí. ¿Dónde te has metido todos estos años? Con lo que tú has sido en este humilde blog. Bueno, y sigues siendo. Gracias por pasarte de nuevo. No te alejes tanto. besos con esa H del idioma que construimos entre los dos.

Isabel Romana dijo...

Gracias por tus cariñosas palabras, maik. Llevamos tanto tiempo conociéndonos en esto... Tres años, por lo menos. Aunque sea como los ojos del guadiana. Un abrazo muy fuerte.

Laura Hammer dijo...

Estos años...pues nunca me fui del todo, siempre estuviste presente. A veces el silencio crea trancas invisibles entre los amigos que somos.

Chris Anton dijo...
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Lol V.Stein dijo...

Querido Miguel,

Gracias por afinar las notas que lleva la soledad, esa soledad de vagabundos que llevamos a veces a cuestas, y es tan difícil de amar, porque no es elegida nunca por quienes desearon. Gracias por enfrentarte a las palabras de nuevo, sin más escudo que tu sinceridad, pues alguien puede leerlas y verse desnuda en ellas. No hay más sed que la de ser descubiertos por el amor, que la de ser encontrados por él en una esquina. No hay más furia que la de amarse, empezando por uno mismo, que como ya se dice, es un idilio que dura toda la vida.. Te animo a ello, pues ya somos dos en este barco, llamado honestidad.

Un beso grande

Isabel Romana dijo...

MAIKKKKK....!!! Hazte vivo!
Besos.

Lol V.Stein dijo...

Querido Migue,

como dijo el enorme Balzac, "Lo que hace indisoluble a las amistades y dobla su encanto, es un sentimiento que le falta al amor, la certeza." Lo decía un hombre que estuvo su vida entera casado con una mujer con una infantilidad tal que le impidió consumar su relación íntima siempre y que a consecuencia de eso tuvo muchas amantes... pero siempre la amó, e incondicionalmente estuvo con ella. Sin embargo, creo que no hay nada más valioso que la insoluble amistad, aquella que hace que antes de que aparezca la resignación ya nos está inyectando esperanza.

Un beso