16 de febrero de 2010

El Sol

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El Sol
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Aún recuerdo que me malcriabas,
como una madre no pone fin a su cariño.
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Me permitías el exceso
por verme feliz: todo era bueno
partiendo de mí .
Y la vanidad me arrastraba
al fondo de una ola
(dónde comenzó esa marea,
esa duda aún me salva)
sabiendo yo que en la orilla siempre
esperabas tú.
Que tu abrazo y tu sexo
estarían siempre para salvarme.
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Alienado de mis verdades fui relamiendo
tu candor infinito:
Yo pegado, yo anclado, yo cosido a ti.
Y queriendo siempre huir.
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Y te fui comiendo (esto es)
hasta no dejar de ti
más
que lo amargo.
Y te lo mostré, ansioso.
sin dejarte ver nada
más.
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Castigada
por no tener para mí más
delirio,
te quedaste
hundida
debajo de mi ola.
E ignoré tu rescate.
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Y yo miraba el
horizonte buscando,
tú ahogada ya,
un nuevo amanecer, sin saber que
el sol
había estado dándome
de frente
todos esos años.
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Ahora lo miro desde la distancia, la vergüenza, y también
desde el hilo de baba
que cae pensando en un nuevo
bocado.
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Para ti.
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Perdonadme las ausencias. Isabel, siempre me rescatas para recordarme que seguimos vivos. Un fortísimo abrazo.

5 comentarios:

Lol V.Stein dijo...

"Este canto arrepentido, vigía detrás de mis poemas
este canto me desmiente, me amordaza."

Alejandra Pizarnik

Querido Miguel,

Lo que quizá no sepamos es que el amor siempre nos salva por sí mismo, de cualquier embate por duro que sea... seguramente esa isla ignorada a la que tú tardíamente nadas, es a ti mismo, y hayas llegado a la costa del Silencio con tus duras pero bellas palabras.

"Fue cuando la flor del vino se moría en penumbra y dijeron que el mar la salvaría del sueño."
Alberti

Isabel Barceló Chico dijo...

En la voz poética de estos versos se ve la conciencia de haber hecho mal y se reconoce el deseo de continuar haciéndolo a la siguiente presa. Ay, querido amigo, cuánto dolor somos capaces de inflingir a otros seres humanos y, por si fuera poco, disfrazarlo de amor... Un abrazo muy fuerte.

iralow dijo...

buf!!! es un buen ejercicio de autocrítica...besos criticones

José Sáez dijo...

Cabrón, cabrón, cabrón.

Cuando uno empieza a arrancarse las espinas de la culpabilidad, llegas tú y les metes un apretón de nuevo para adentro: ¡ale! Así no hay manera.

¿Por qué lo clavas todo? Desde los excesos consentidos hasta la duda que aún (¿por cuánto más?) salva.

Abrazos virtuales.

Maik Pimienta dijo...

Isabel, en verdad no quise recoger la intención de hacérselo a la siguiente presa, sino el placer que provocaba en el mismo momento que ocurría con ella, el hecho de saberme consentido, y las ganas de sentirlo de nuevo. No en alguien distinto, si no aquella misma sensación con aquella misma persona. Ais, pero sí, sabemos cuando obramos mal, aunque sea a posteriori. Un fuerte abrazo.

Carmencica, gracias por tu comentario, que delicada que eres, con amigas como tú da gusto.

Iralow....sí!! hay que llegar a la verdad aunque duela no? Besos reflexivos!

Je, co-ci-ne-ro...es que nosotros...estamos condenados a revisitar cada cierto tiempo algunos lugares. A ver si el tiempo y la conciencia termina de echar las ultimas paladas de tierra.

Que muchas gracias a todos, de verdad, besos y abrazos.