28 de octubre de 2013

Con orgullo te quedarás sola

Lo sabes. Haces como que no lo sabes, pero lo sabes. Tu orgullo te dejará sola. Cíclicamente, hasta que estés rotundamente sola en tu vejez. Y ya no es por que estés, o no, rodeada de alguien. Estarás sola porque tampoco tú podrás hacerte compañía. Porque todos te parecerán tus enemigos y nadie será digno de tu confianza: tu orgullo estará delante de tus buenos sentimientos, hasta arrinconarlos, hasta aplastarlos. De nada vale leerlo o intentar convencerte. Vivirás esta pérdida y lo peor será que no te arrepentirás. Y si lo haces, habrás perdido la oportunidad de tener a tu lado alguien que te ama de verdad. Es triste ver que el orgullo puede tanto. Y ver que vas a tener que vivirlo conmigo, que yo soy el objeto de ese cúmulo de vivencias que te enseñarán (o no), pero que dejarán la relación dañada, llena de dolor y desconfianza, me da mucha rabia, y me deja impotente, porque no tengo más armas. No puedo convecerte, no puedo transmitirte la gran verdad, por mucho que te lo diga despacio y con todo mi corazón: el orgullo no vale para nada en una relación, si quieres que esa relación sea tu hogar. Estés o no en la posesión de la razón. No está en los ingredientes de una pareja que se ama y que no quiere distancia. Y menos aún optar por la indiferencia. Eso sí que es el comienzo del fin, ya que al final, nos dará igual algo que ya no tenga remedio. Yo pienso en cuando pasen los años y pienses en mí. Sinceramente no sé que recuerdo guardarás de mí antes de entrar de lleno en tu olvido, que es donde inevitablemnente me dejarás. Pero sí quiero revelarte algo que nos enseña la vida: la verdad pesa, y no es tan fácil disimularla. En cualquier momento ataca, en tu cabeza, en sueños, o dando un paseo. Y la culpabilidad mancha mucho, se enrosca al cuerpo, y si uno es honesto consigo mismo, te acompaña ya de por vida. Se vive con ello, pero está ahí. Me da mucha rabia ser yo, ¿Por qué soy yo, si tú no lo eres para mí? Tú eres la mujer de mis amores. Pero no puedes dejarme solo, sin calor, en un agujero frío. Nada compensa ese sentimiento de sentirse abandonado que ya conozco. Yo quiero que seas tú esa viejita que me acompañe en mis últimos días. Tú, creo que, si lo sientes, estás lejos de transmitirlo. Y al final, aparte de hechos, las palabras y los detalles lo hacen todo, y terminarás por querer salir corriendo. Y te irás, pero nunca tan rápido como para escapar de ti misma, mi amor.

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