Asistimos indolentes al fin de la civilización. El tiempo y la naturaleza pondrán al ser humano al borde de la extinción y con él a todo el planta. Nos fagocitaremos sin remedio, haciendo honor a nuestra condición, maldad y falta de empatía. Escasas luces habrán brillado entre nosotros a lo largo de nuestra escasa historia, pudiendo la maldad y la turba con todo lo bueno que un día se pudo construir. El sistema ha promovido la crueldad, el egoísmo, la intolerancia, el abandono y la locura. Y se ha olvidado de cuidar esos niños que todos hemos sido, y llevarlos hacia el liderazgo de la siguiente generación de un modo amoroso, disciplinado e íntegro.
Ningún espacio ha ocupado, en las enseñanzas actuales y pasadas, el respeto al planeta que habitamos. Y sólo unos pocos naturalistas, que han despertado su conciencia por interés y condición, han dado voz a una realidad desoladora: el ser humano considera suyo todo lo que ve. El ser humano es un ser destructivo, por acción u omisión.
Nada está previsto, no existe un plan B, ni importa a las naciones, cualquiera que sea sus sistema económico, la deriva hacia el vaciado de recursos del planeta. Como en otras tantas historias, el fin será una liberación, pero también el retrato de un despropósito del que todos somos culpables.


No hay comentarios:
Publicar un comentario