23 de abril de 2006

La sardina ridícula

Ayer me descubrí entre el populacho viendo el entierro de la sardina de Murcia. Nunca lo había visto, ni tenía intención, pero los astros se alinearon para que mis compis de piso, Jose y Pepe, y Virginia y yo nos fuéramos a verlo.

Ya de antes, las llamadas fiestas de la primavera de esta ciudad me parecían bastante ridículas, con la honrosísima excepción del Día del Bando, que es la fiesta de las fiestas aquí en Murcia, y que sí que merece de verdad la pena, por que es seguida por todo el mundo; toda la gente participa, se viste de huertano y se montan "barracas" durante toda la semana -para comer y beber cosas ricas-.

El resto de fiestas me parecen un carnaval a destiempo, veréis: carrozas y bandas de trompetas y tambores, y gente disfrazada en ellas -únicamente van disfrazados los de las carrozas, nadie de la calle-, tocando paquito el chocolatero o la última de Bisbal, o bien con un altavoz en una carreta poniendo a todo trapo música pachanguera de discoteca. Sin sentido aparente.

Parece, y así lo creo, una fiesta hecha en exclusiva por y para los que se disfrazan. ¿Cómo consiguen atraer a la gente a que los vea? Dando regalos. Sí, van dando pequeños detalles, de estos que se sacan en las máquinas de bolas de un euro, o algunos más cuantiosos, que provocan que la gente se pelée, de forma literal, para cogerlos, lo cual añade más esperpento al asunto.

Y el remate es el sábado, cuando entierran a la Sardina -en fecha muy posterior al resto de entierros de otros lugares, que se produce al terminar el carnaval-. Sólo menciono que hay, entre otras, una carroza de un barco pirata y un gran desfile de brasileñas junto a un motón de tíos disfrazados de Astraco, el amigo de Yupi. ¿Llamándose fiestas de primavera y vendiéndolo como una celebración típicamente murciana, puede darse algo más ridículo?

Pues con todo y con eso, allí nos andábamos los cuatro, llegando a la masa, aborregados, y tragados por el "dónde va Vicente", viendo el pedazo de sardina -con cara- que habían colocado para prenderle fuego.

La sardina se quemó más allá de las dos de la madrugada, y para entretenimiento del personal mientras esperaba -fue una laaaaaarga espera, eso que llegamos pasadas la una-, pusieron toda un recopilación de bandas sonoras de ayer, de hoy y de siempre, mezclada con la charanga de los que van disfrazados. Un lujo. El colmo fue cuando el narrador, con una voz apocalíptica, describió las fiestas de la primavera, intentando dotarlas de sentido con frases tan lapidarias como "sardina, pobre de la vida", o repitiendo numerosas veces el adjetivo "infinito", no el sustantivo, que parece que, mezclado con cualquier palabra, le da mucho más empaque a la narración, según los redactores del discursito. Un espectáculo bochornoso.

Como final, los fuegos artificiales estuvieron aderezados con música de discoteca pastillera, con desconexión de la misma en varias ocasiones -más cutrez si cabe-, y la sardina, en su abrasamiento, desprendió trozitos cadentes de papel, lo que provocó que, con el viento, vinieran ágilmente hacia nosotros, que igual de ágiles salimos por patas.

Ya me decían de antes, mis amigos murcianos, que el día del bando es la fiesta del pueblo, y el entierro es la fiesta de los ricos. Afirmo que es así, por que el despliegue económico del entierro de la sardina no puede ocultar su ridiculez, ni tampoco el ejercicio contra el gusto y el sentido de la estética que es.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Para que las tradiciones de La Huerta tengan un peso específico y cuenten con la debida admiración, al menos la mía; deberían optar por una de las dos alternativas:
Alejarse de mezclar tradiciones a destiempo y sin sentido.
O encontrar argumentos válidos que sirvan de base para justificar, explicar y/o argumentar sus festejos.
Una fiesta sin simbología detrás no es una fiesta, tan solo es una excusa vacía de contenido que sirve tan solo a unos pocos para divertirse mientras que los demás todavia nos seguimos preguntando a qúe viene todo esto.
De todas formas no dudo que los huertanos lo conseguirán

Firenze dijo...

Coincido en todo lo que has dicho, pero permíteme añadir algo: me da vergüenza ajena esta fiesta, es, sencillamente, algo que sobra (lo increíble es que la retransmitan incluso por tv)