4 de abril de 2006

Sentimientos a flor de piel.

Sé bien que pocos de vosotros, los que me leeis con máyor o menor frecuencia, escucháis al que sin duda para mí, y afortunadamente, para muchos, es el mejor transmisor de sentimientos creado por el ser humano. Cómo quiero a este hombre, aún sin conocerlo.

La mayor herencia que me han dejado mis padres son sus canciones -Christian, tú lo sabes bien-, y escucharlas me traslada a ellos, a mis abuelos, y él mismo. Es mi querido Alberto Cortez.

Resulta que hoy, leyendo el correo, he recibido el mayor de los honores posibles. Las precisas palabras que me ha dirigido personalmente "Será un placer para mí", accediendo a mi petición de que posara sus experimentados ojos en las parrafadas que suelto por aquí, me ha sorprendido casi tanto como me ha hecho sentir que estoy en conexión con él, como imaginaba de pequeño.

Sí, Alberto, amigo, me imaginaba de vez en cuando preguntándote cosas acerca de la vida, ya ves, por que creía, y creo, que me las sabrías responder.

Lloré siendo niño, y aún me emociono, con "El abuelo", y recuerdo bien que a veces, cuando terminaba de escucharla, me quedaba con ganas de preguntarte: ¿Y cómo se quita la pena de perder a tu abuelo Alberto?

No sabes cómo, querido amigo, hice mía tu canción, mil veces escuchada antes, "carta a mi viejo", cuando el mío decidió que 46 años eran bastantes para recopilar lo malo y lo bueno de este mundo y echarlos al saco para ir a no se sabe bien donde. Creo que no quería marcharse. Lo lloré mucho, y aún lo lloro a diario por dentro, y a veces por fuera, aunque duele en exceso; por que, al igual que cuentas tú, mi viejo, que no llego a tal, era, a pesar de la corta edad que yo tenía, mucho más que mi padre, mi amigo.

Pero mira Alberto, la vida pasa y los 20 años...qué te voy a contar yo ¿verdad? Como tú dices, parece que el mundo es una manzana; y sí, intenté arrojar la vida, en el sentido de tu canción, en varias ocasiones, que en suma hicieron una constante -eso sí, intentando huir siempre de aquellos a los que nada les importa, esos que describes en "hay un niño en cada hombre"-. Ahí, escuchándote, en soledad, que es donde me cuentas cosas, me asaltaban siempre mil preguntas más que realizarte, éstas más cercanas a cómo poder expresar todo lo que sentía y hacer que me reconfortara al verlo, por el mero hecho de saber que podía expresar mis sentimientos, dejarlos al aire, de alguna manera.

Todo esto por que mi realidad me rodeaba, y yo siempre fui un soñador, cada día frustrado, pero que nunca ha dejado de soñar. Las razones prefiero omitirlas, pero dejémoslo en que cada uno tiene lo que se merece, por que realizar un sueño implica perseguirlo, y yo siempre tendí, en el fondo, a ser más pragmático; así que eso junto con mi falta de talento dieron como resultado una licenciatura en Derecho. No hice como tú, dejarlo a tiempo.

A todo esto, y a modo de anécdota, cuando por fin pude ir a verte en vivo, salí tan conmocionado por la fuerza y la entrega con la que te das, con la que inundas el teatro -en este caso el Romea de Murcia-, o donde quiera que cantes, que, cuando fui a que gentilmente me firmaras un disco tuyo al acabar el concierto, no pude sino decirte: "A Miguel". Hay que ser tonto.

Y heme aquí con mis 27 años, intentando buscar por todos los medios una válvula de escape para tanta creatividad reprimida. ¿Creatividad con la susodicha falta de talento? Muy posible, pero el hecho de desahogarme es lo que me está poniendo de mejor humor. No digo que sea de esas personas que con 40 tacos se paran a pensar qué ha sido de ellos y cuál es el sentido de su vida; digo que la expresión literaria es como poco mi aficción, y que entiendo a todos esos que dicen que trabajar en su vocación no es trabajar, por que cuando escribo, prosa o poesía, me sucede algo parecido.

Al final, querido Alberto, lo que pretendía que fuese una loa merecidísima a tú irreprochable camino en la vida con mayúsculas, se ha convertido en algo más personal. Pero, como puedes observar, cualquier cosa que empiezo en la que tú estés por medio acaba siendo de los dos, y tanto compartir tus canciones y tus vivencias conmigo se merecía que, al menos, te ofreciera mi sinceridad y admiración por respuesta.

Permíteme ahora esta licencia para aquellos que no han tenido la suerte de escucharte:

Desde aquí, y para el mundo, mi sincera recomendación: Alberto Cortez: el poeta, el músico, el cantante. La persona.

Llueve...y tus ojos brillan más...que la lluvia en el cristal de la ventana...

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Mi queridísimo y añorado amigo, doy fe de todo lo que has relatado, e incluso he de agradecerte, a pesar de mis constantes replicas al principio,que me descubrieses la canción de "el abuelo".Porque gracias a esa canción, pude comenzar a enterderte y comprenderte mejor, ya que para llegar a valorarte y estimarte, tanto como yo lo hago, es necesario dejarse embaucar por tu universo, sobre todo el artístico.Un fuerte abrazo y recordarte que: la amistad es una asociación formada entre las personas que se profesan mutuamente un cariño más particular que el resto de los hombres.Para que luego digas que soy mal amigo.

Maik Pimienta dijo...

Muchas gracias por tus palabras amigo mío, que yo también te añoro en la distancia. A ver si te quitas el peso académico de encima y te me vienes a hacer un máster por aquí. Y al día del bando como poco. Diste tu palabra.

iralow dijo...

...y los demás quedaron en el suelo, vestidos de cordura, y construyó castillos en el aire...

no sé si a estas alturas leeras para atrás, pero ya ves que yo sí, y esa canción, soy yo. Me gusta pensar que somos todos...

Besos sin sazonar

Maik Pimienta dijo...

Bueno, el chivato del correo me avisa guapa, ya ves lo sencillo que es enterarse.

Lo dijiste y lo estás cumpliendo, lo estás leyendo todo. Me siento ruborizado. Me alegra que te guste Alberto Cortez, forma parte de mi niñez, y un poco de mi vida, claro. Lo de los besos sin sazonar queda hasta mejor. Ya tienen suficiente sazón por sí solos.

Un beso tal cual.

Firenze dijo...

Alberto Cortez primero, y Carlos Cano después, fueron las bandas sonoras de los viajes en coche, cuando niña, con mis padres, así que imagínate los recuerdos que me trae este hombre.

Un dato ilustrativo: no he vuelto a escuchar nada de él, ¿sabes por qué? Porque duele demasiado, serían demasiados momentos que sé que se han ido para siempre.

Un beso.