8 de mayo de 2006

El capullo que soy

He descubierto que no puedo ser malo, y eso me alivia.
Malo en esencia digo, malo de los que elucubran un plan para joderle la vida a otro: personajes hipócritas, que aparentan cercanía y calidez, y que te dan confianza; que son capaces de disfrazarse de lo que sea con tal de llevar a cabo su trama para conquistar el mundo; esos que cuando conoces no sospechas lo profundo que clavan sus puñales a todo el que les haga sombra. Que llaman al jefe de la empresa para contarle lo malo que es fulanito. De esos no puedo ser, no tengo estómago, me provoca una arcada psíquica. Así que no creo que pueda llegar a ser nunca político de renombre o cardenal en el vaticano -por poner coletivos con elevado índice de hijos de puta-.
Ahora que malo -el típico cabroncete- sí puedo ser de manera puntual, ocasional y hasta cotidiana: eso sí. Aprovechar un ramalazo de egoísmo para portarme como un perro. Acallar mi conciecia con clichés convencionales para sentirme más cómodo -dar limosna a un pobre es una buena expresión de ello-.
Hablo de todos los comportamientos e inhibiciones que hacen que pase por el mundo sin echar cuenta de la hecatombe en que vivo. Viendo que miles de personas sufren y mueren bajo la más cruel de las injusticias mientras me como unas patatas fritas con huevo y cambio de canal para ver "Friends".
Con que me pare a pensar un milisegundo en lo que me ocurriría de haber nacido en Nigeria, por poner un sitio donde impera la ley de la selva, se me eriza el lomo: No por cómo sería mi vida, que también, si no por el cabronazo que podría haber llegado a ser.
- Ayer mataron a mi madre lapidada, tío.
- Joer macho, ¿Y eso?
- Ya ves, no se le ocurre otra cosa que ponerle los cuernos a mi padre, así cómo quieres...si mi padre no le pegaba ni cinco veces al día. Además, no le dejaba marca. Es un señor.
Vamos, que de haber nacido en otro sitio...habría acabado rebuznando, digo yo -por aquello de "quien está con burros acaba rebuznando"-. Y bien pensado, rebuzno. Lo hago como el que más, por que estoy inmerso es esta sociedad, me adapto a ella, me disimulo en su entramado, y me callo como las putas -que se dice-. Paso de puntillas por todo aquello que no me conforta, hago caso omiso a las llamadas de conciencia, me limito a no pasarme de listo y desahogo mi carga escribiendo tres chorradas por aquí, como si eso sirviera de algo.
Bueno, ¿He dicho al principio que no puedo ser malo? Parece mentira. Ahora bien, que como me perdono yo no me perdona nadie. Es síntoma de que en el fondo me acepto y me quiero -más egoísmo-, por aquello de que vida no hay más que una, Carpe Diem, la levedad del ser, después de esto la nada, y argumentos en ese sentido.
Ahora que malo, lo que se dice malo, no soy. Es que si no me quiero yo...

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